Page 648 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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escuchar su relato, su cabello encaneció de repente. Su

            alma gritó, con un aullido que arrancó ecos a la bóveda


            del cielo. En ese momento el hilo de oro que aún unía

            su  cuerpo  y  su  espíritu  tiró  de  él,  y  se  precipitó  de

            vuelta hacia la Tierra sin dejar de gritar, y un segundo


            después estaba despierto en la caseta de los jardines de

            la Academia.


                  —Después de aquel día, no quiso volver a hablarme


            de  su  viaje  espiritual,  y  jamás  se  atrevió  a  entrar  en

            trance de nuevo. Aún así, terminó la República y reflejó

            su experiencia, aunque en la obra el viaje no lo hacía él,


            sino  un  guerrero  panfilio  llamado  Er,  y  sustituía  el

            pavor que había sentido por un mensaje de esperanza.

            Pero  después,  ya  fuera  por  miedo  o  por  evolución


            natural de su pensamiento, se apartó del misticismo, su

            filosofía se hizo más fría y analítica, y su carácter más


            retraído y pesimista. Por fin, casi veinte años después,

            cuando se cumplió el ciclo metónico predicho por la

            Moira, mi maestro murió. Y eso es todo.



                  Néstor dejó el cálamo a un lado. Había copiado lo

            más rápido posible, y le dolía la muñeca. Dejó el papiro

            sobre  una  bandeja  y  se  frotó  las  manos  contra  las


            rodillas para secarse el sudor.


                  —Debes llevarle lo que has escrito a Alejandro. Él

            sabrá qué hacer.


                  —No lo entiendo —confesó Néstor—. ¿Por qué?


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