Page 649 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Mi  maestro  me  habló  en  el  sueño  con  palabras

            parecidas  a  las  que  escribió  al  final  de  la  República,


            pero  sutilmente  distintas.  En  su  libro  eran:  «De  este

            modo, Glaucón, se salvó y no se perdió el mito de Er. Y

            también  nos  salvará  a  nosotros  si  obedecemos  sus


            enseñanzas, para que atravesemos con bien el río del

            Olvido  y  nuestra  alma  no  se  contamine».  Pero  en  el


            sueño  me  advirtió:  «Cuéntalo  y  salva  a  todos»,  sin

            mencionar el alma. Lo que me hace pensar que no se

            refería a una salvación espiritual.


                  —¿A cuál si no?


                  Aristóteles respiraba cada vez con más dificultad.


            Había  hablado  casi  dos  horas  seguidas.  En  aquel

            momentáneo silencio, Néstor volvió a oír la música de


            la fiesta; o tal vez, absorto en el relato, había dejado de

            captarla.  Alguien  llamó  a  la  puerta  de  la  casa,  con

            golpes secos e impacientes. ¿Algún invitado borracho


            que se apuntaba a última hora, como el Alcibíades del

            Banquete?


                  —Mis ojos ya apenas ven, y desde que empezó el


            verano no he salido de esta alcoba. Pero hasta ese día

            había seguido con atención los movimientos de Ícaro.

            El cometa tarda cada vez menos días en girar alrededor


            de la Tierra. ¿Sabes lo que significa eso?


                  Néstor  no  lo  había  pensado  nunca.  Ahora

            comprendió que tal vez había preferido no pensarlo,


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