Page 654 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Qué  quieres  decirme?  —preguntó,  y  el

            intérprete que le acompañaba tradujo sus palabras—.


            No me pidas que te devuelva ya a los prisioneros. Ni

            siquiera el derecho de gentes tiene prioridad sobre los

            libros sagrados.



                  —Creo que  vuestra ciudad posee la semilla de la

            grandeza  —respondió  Crátero—.  La  mayoría  de  los

            romanos me han parecido gente noble y de honor. Es


            una lástima, porque si enterráis vivos a la esposa de

            Alejandro y a ese hombre, que no es celta, os vaticino

            algo  para  lo  que  no  necesito  consultar  ni  los  Libros


            Sibilinos ni el oráculo de Delfos. Roma va a sufrir un

            destino  aún  peor  que  el  de  Tiro  y  Tebas.  Cuando

            arrasemos vuestras murallas y destruyamos vuestros


            templos, sembraremos esta tierra de sal, quemaremos

            todos los libros y borraremos todas las inscripciones en


            que  se  hable  de  vuestra  ciudad.  ¡Eso  te  lo  juro  yo,

            Crátero, general de Alejandro!


                  Dos de los guardaespaldas del dictador levantaron


            sus hachas, y Pérdicas temió que Crátero hubiera ido

            demasiado  lejos  con  sus  amenazas.  Pero  Papirio

            ordenó  a  sus  hombres  que  se  apartaran.  Después  se


            adelantó  hacia  Crátero  recogiéndose  los  bajos  de  la

            toga para no tropezar y le respondió:


                  —¡Cuando  nuestras  legiones  aplasten  a  vuestras

            falanges,  macedonio,  llevaremos  la  guerra  a  vuestro



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