Page 659 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 659
VIRTUDES DE LA LÍNEA RECTA
Neo seguía castigado en su alcoba, muerto de
aburrimiento y, a ratos, de melancolía. Ni siquiera le
dejaban jugar con sus soldados de madera: su madre
tan sólo le permitía tener los rollos de papiro con los
versos de la Ilíada. A Neo no le gustaba hacer el
esfuerzo de deletrearlos; como mucho de oírlos, y no
demasiado rato, porque se cansaba de escuchar cómo
unos guerreros atravesaban las tripas de otros con sus
lanzas de bronce o esparcían sus sesos por el suelo.
Prefería las aventuras de Ulises, sobre todo la parte en
que bajaba al infierno y conseguía regresar vivo de allí.
Pero su maestro de letras se negaba a dejarle una copia
de la Odisea hasta que memorizara todo lo que tenía
que aprender de la Ilíada.
Por lo menos, ya se podía tumbar boca arriba para
dormir, aunque las heridas de las posaderas aún le
dolían cuando se sentaba. A Cadmia la dejaban subir a
jugar con él un rato, y era el momento en que su
hermana le ponía al día sobre las noticias de la casa y
lo que se comentaba por el campamento; de lo primero
estaba bastante enterada, pero en cuanto a lo segundo
su peculiar visión, la de una niña, no convencía
demasiado a Neo.
— Mamá dice que puedes bajar a verla —le dijo la
mañana del noveno día. Cuando Neo dio un salto de
659

