Page 656 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 656
–Ese miserable... —masculló Gayo—. Con tal de
salirse con la suya, no tiene reparo en manipular a su
antojo lo más sagrado.
–Le llegará su momento, Gayo. Cuando uno fuerza
la voluntad de los dioses, ellos se vengan.
—¡Claro que le llegará su momento! Yo mismo me
aseguraré de ello.
Alguien que había permanecido entre las sombras
durante todo el incidente se acercó a ellos. Era
Eshmunazar.
—Por favor, Julia, déjanos solos.
Su hermana salió del patio con una mirada
indescifrable. El embajador de Cartago hizo amago de
sentarse al lado de Gayo, pero éste se incorporó.
—¿Qué quieres tú ahora?
—¿Hace falta ser tan brusco, noble tribuno?
—No estoy de humor para regateos, Eshmunazar.
—¿Alguna vez lo has estado? Los romanos sois
malos mercaderes, Gayo Julio, y no se os da bien el arte
de especular y negociar. Me has entregado tu
información estos días con cicatería, como el goteo de
una clepsidra. Te has reservado a tu prisionero para
esperar el momento en que sacarías más ganancia por
él. Ahora lo has perdido todo, tus quince talentos de
656

