Page 657 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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oro y esto. —Le mostró un papiro cerrado con lacre sin
sello.
—¿Qué es eso?
—El último informe de Sinón. Podrías haber ganado
prestigio presentándoselo tú al dictador. Ahora lo hará
otro, tal vez yo mismo. —El cartaginés se guardó de
nuevo la carta y, antes de alejarse, dijo—: Adiós, Gayo
Julio. Esperaba más de ti.
Yo también esperaba más de mí, se dijo él,
retorciéndose los dedos a solas en el patio. Cuando
enterraran a Néstor y Agatoclea, con ellos enterrarían
también los restos de su honor. No había sabido
proteger a sus propios rehenes, y todo el mundo se
burlaría de su desprendido gesto en el Senado cuando
los embajadores se marcharan de Roma con los quince
talentos de oro. Eso, si Papirio no decidía robárselo a
los enviados macedonios y confiscarlo para el erario o
para su propia bolsa.
Algo le hizo levantar la mirada al cielo. El
resplandor del cometa se adivinaba sobre el peristilo,
pero su cabeza aún no había asomado. Entonces
apareció una sombra humana encima del tejado, que se
movió con la agilidad de un gato, saltó al patio y
desapareció tras unos arbustos. Gayo Julio se puso en
pie y buscó bajo su ropa el puñal que siempre llevaba
escondido. Acababa de sacarlo cuando oyó una voz a
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