Page 655 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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país y seremos nosotros quienes lo arrasaremos! ¡Pero

            tú, insolente bárbaro, tú no vivirás para ver ese día! ¡Ya


            me  encargaré  yo  de  ensartarte  los  hígados  con  mi

            propia lanza y arrastrar tu cadáver hasta el Foro Boario

            para  rajarlo  en  canal  y  colgarlo  junto  con  las  demás


            reses!


                  Crátero soltó una carcajada al oír la traducción de

            aquella  bravata.  El  dictador  enrojeció  aún  más  y,


            temblando  de  ira,  le  clavó  un  dedo  en  el  pecho.  El

            general  de  Alejandro  ni  siquiera  parpadeó,  aunque

            Papirio le debía estar echando el aliento en la cara.


                  —¡Ahora,  marchaos  de  aquí!  ¡Volved  con  vuestro


            amo y decidle cómo nos las gastamos los romanos! Os

            doy un día de ventaja. Después os daré caza como a


            alimañas. ¡Fuera!


                  Los  macedonios,  el  dictador  y  su  séquito  ya  se

            habían ido, al igual que todos los invitados. Escipión,


            como  pretor,  salió  también  para  verificar  que  los

            lictores llevaban a Néstor y a Agatoclea hasta el Tuliano

            sin maltratarlos o perderlos misteriosamente en algún


            callejón.


                  Gayo Julio se dejó caer en un banco del peristilo. Las

            piernas  le  temblaban  tanto  de  ira  y  frustración  que

            apenas le sostenían. Su hermana se sentó a su lado y le


            cogió las manos.





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