Page 658 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 658
su espalda.
—No te muevas. Estarías muerto antes de darte la
vuelta.
A Gayo se le erizó el vello de la nuca. El miedo físico
no era una sensación familiar para él, pero ahora lo
sintió en las tripas, y tuvo que apretar los músculos del
abdomen.
—Conozco tu voz —dijo.
—Es halagador. No cruzamos tantas palabras.
—¿A qué has venido? ¿Por qué has abandonado tu
puesto?
—Hace mucho que no doy cuentas a nadie de mis
actos, Gayo Julio. Vuelve a sentarte. Necesito que me
des instrucciones para orientarme por las calles de
Roma.
658

