Page 660 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 660
alegría, la niña apagó su entusiasmo—: Sólo puedes ir
a su habitación. Luego tienes que subir otra vez.
— ¿A su habitación? ¿Por qué?
—Sigue sin levantarse de la cama.
Neo se ató las sandalias, pues a Cleopatra no le
gustaba que anduvieran descalzos por la casa.
Después siguió a su hermana escaleras abajo,
preocupado por su madre. Estaba convencido de que
iban a ocurrir más desgracias en la casa. Lo que le había
pasado a Argo no servía para cumplir aquella pesadilla
que no conseguía recordar bien. Cuando la tuvo, se
había despertado con la sensación de que quien moría
era una persona, no un animal. En aquel momento
había pensado en Pérdicas, que era un soldado y partía
en una misión peligrosa; pero ahora le inquietaba que
su madre llevara tantos días sin levantarse.
—No le va a pasar nada —le dijo su hermana
mientras bajaban las escaleras.
Sí, eso podía pensarlo ella, porque sólo tenía ocho
años y veía la muerte tan lejana como la remota
Hiperbórea. La muy inconsciente no se daba cuenta de
que Tánatos acechaba tras cualquier esquina, incluso
debajo de esa escalera de mármol por la que bajaban
ahora. ¿Qué pasaba si uno de los dos se resbalaba y se
golpeaba con el borde de un escalón en la sien? Cadmia
660

