Page 663 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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momento, y a cambio de oro, el hijo de Apolo resucitó

            a  otros  muertos,  entre  ellos  a  Tindáreo,  Capaneo  y


            Licurgo.  Pero  cuando  Ártemis  le  ofreció  una

            recompensa  para  que  le  devolviera  la  vida  a  su  fiel

            Hipólito,  Zeus  decidió  que  aquello  había  llegado


            demasiado lejos. ¿Qué diferencia habría entre dioses y

            hombres  si  éstos  conseguían  burlar  a  la  muerte?  De


            modo  que  lo  fulminó  con  un  rayo.  Cuando  Apolo

            protestó  por  la  muerte  de  su  hijo,  Zeus  convirtió  a

            Asclepio en un dios; pero, desde el momento en que el


            médico  compartió  con  los  demás  olímpicos  la

            inmortalidad, decidió que era un privilegio demasiado

            valioso para entregárselo a los demás humanos y jamás


            volvió a resucitar a nadie más.


                  Al oír esa historia, Neo se puso a llorar y se hundió

            en  una  profunda  depresión  de  la  que  nunca  había


            llegado  a  salir.  ¿Por  qué,  se  preguntaba,  no  había

            nacido  antes,  cuando  Asclepio  aún  resucitaba  a  los

            difuntos? ¿Por qué había tenido la mala suerte de nacer


            después, en esta época tan oscura en la que nadie tenía

            esperanzas de sobrevivir a la muerte? Se atormentaba


            pensando en ello, sobre todo por la noche, a solas en la

            cama. Cuando se daba cuenta de que todo tendría un

            final y de que o se convertiría en una sombra gris en las


            cavernas del Hades o, peor aún, simplemente no habría

            nada,  sólo  una  negrura  que  ni  siquiera  percibiría




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