Page 686 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de los que quieran dejar en retaguardia para proteger
Roma, podemos encontrarnos con un ejército de entre
sesenta y ochenta mil hombres.
—En el peor de los casos, serían sólo el doble que
nosotros. Nos hemos visto en situaciones más
comprometidas —dijo Pérdicas, con más convicción en
el tono de la que realmente sentía. Se le antojaba que en
el campamento a oscuras dormitaba una enorme
bestia, un monstruo que en cualquier momento
despertaría con sed de sangre.
—Aquí no hay paisanos arrancados de su terruño
para hacer bulto entre las filas, Pérdicas. Éstos son
soldados de verdad, y sus armas no son inferiores a las
nuestras. Cuando hemos derrotado a ejércitos
equivalentes a los nuestros, siempre ha sido con
números más o menos parejos. —En Queronea los
griegos eran más que nosotros.
—Treinta y cinco mil contra treinta mil. Una
proporción aceptable, teniendo en cuenta que entre
ellos estaban los inútiles de los atenienses. —Crátero
soltó una carcajada seca—. Ahora los romanos van a
superarnos por lo menos en veinte mil hombres.
Suficientes para presionar nuestro centro con
superioridad numérica, para tratar de envolvemos por
los flancos, para mantener fresca una fuerza de reserva.
Qué sé yo.
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