Page 688 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Entre los hombres a caballo venían varias mujeres y

            un hombre. Pérdicas reconoció a una de ellas, Ada, que


            siempre había servido a la madre de Alejandro, hasta

            que  la  destinaron  al  servicio  de  Agatoclea.  Entre  las

            esclavas  y  los  sirvientes  de  Gayo  acarreaban  varios


            baúles.  Cuando  Pérdicas  y  Crátero  los  examinaron,

            comprobaron que dentro había joyas y ropas. El último


            arcón  guardaba  libros,  herramientas  quirúrgicas  y

            frascos de diversos tamaños y colores.


                  —Todo  esto  es  muy  valioso  —dijo  Pérdicas,

            mirando  a  Gayo  Julio  con  ojo  suspicaz—.  ¿Por  qué


            renuncias a ello?


                  —Quiero  el  rescate  que  legítimamente  me

            corresponde,  no  un  expolio  digno  de  un  ratero  —


            contestó el tribuno, y añadió con una torva sonrisa—:

            Y no estoy dispuesto a que Papirio se quede con esto

            recurriendo a alguna burda triquiñuela. ¿Estáis listos


            para partir?


                  —Así  es.  —Crátero  miró  a  las  esclavas  y  a  un

            hombre ya mayor que venía con ellas—. Te agradezco


            que los hayas traído, pero no puedo llevármelos. Ya me

            han entregado a diez prisioneros más, y he tenido que

            repartir  la  carga  para  darles  monturas.  Además,


            cabalgaremos rápido. No aguantarían.


                  El hombre, al que Pérdicas reconoció como el criado

            de Néstor, puso mal gesto, pero no se atrevió a decir


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