Page 692 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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imposible.  Trémulo  era  de  sangre  patricia,  y  el  que

            mejor hablaba griego de entre los feciales.


                  —El  dictador  no  puede  jugar  a  su  antojo  con  las


            normas sagradas. ¡Va a provocar la ira de Júpiter! —

            dijo Trémulo, en tono indignado—. Si queremos ganar


            esta  guerra,  tenemos  que  sacaros  sanos  y  salvos  del

            territorio romano.


                  Los  macedonios  montaron  por  fin  y  formaron  en

            fila de a tres. Por delante marchaba un fecial, dos a los


            lados  por  el  centro  y  otro  al  final.  Todos  ellos

            levantaron bien altos los cetros de su dios para recordar

            que  sus  personas  y  las  de  quienes  los  acompañaban


            eran  inviolables.  Incluso  aquella  turba  abrió  paso,  y

            fuera  de  insultos  que  Pérdicas  ni  siquiera  entendía,


            nadie más les molestó.


                  —Mira bien esta ciudad, Pérdicas —le dijo Crátero

            en  dialecto  macedonio,  mientras  se  acercaban  a  las


            oscuras aguas del Tíber—. Cuando volvamos a ella será

            para arrasarla.


                  Es difícil concebir una negrura absoluta en la que no

            se filtre luz por algún resquicio, aunque sea tan sólo


            una tenue fosforescencia, pero las tinieblas del Tuliano

            eran espesas como pez solidificada. Si la celda de arriba

            ya resultaba lóbrega, la mazmorra inferior era el mismo


            Tártaro. Además, hacía frío en ella. Néstor, que de pie

            se  topaba  con  el  techo,  se  había  sentado  contra  una


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