Page 697 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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pero puedo arrancarme un jirón de la tánica. ¿Crees
que tu cinturón valdría? ¿Me lo dejarías?
—Creo que no hay de dónde colgarse, Clea —
contestó él, con una extraña sensación de irrealidad—.
De todas formas, el techo es muy bajo.
—Es verdad. —Clea se quedó callada, pero sólo fue
un instante—. ¿Tú me ayudarías?
—¿Cómo?
—Está muy claro —respondió ella en tono algo
impaciente—. Si no puedo colgarme, tú tendrías que
hacerme un lazo alrededor del cuello y apretar.
—Tú no quieres que haga eso.
—No lo sé. —Clea sollozó, y Néstor tuvo la
impresión de que se había mordido su propio puño—.
¿Es una muerte tan horrible como dicen?
—Puede ser más rápida que asfixiarse bajo tierra —
reconoció Néstor, que empezaba a sopesar la
posibilidad. En el campo de batalla había aplicado
drogas en dosis mortales, y cuando no tenía drogas
había recurrido al cuchillo para rematar a hombres que
ya no tenían esperanzas y sufrían terribles dolores.
Bastaba con un corte certero para que se desangraran
sin apenas sentirlo. Pero una cosa era abrir las venas a
un desconocido que se retorcía entre cadáveres,
sujetándose sus propias vísceras, y otra bien distinta
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