Page 728 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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CUESTIONES DE HONOR
Entre el límite del Lacio y Campania se extendía
una llanura costera de más de trescientos estadios de
longitud, interrumpida tan sólo por una montaña
conocida como el monte Másico. No era demasiado
alta, pero sí tan alargada que la partía en dos, y su
estribación más oriental llegaba casi hasta el mar.
Desde una de sus laderas, Crátero, Pérdicas, Néstor y
Mirmidón, que apenas se separaba del médico, se
volvieron hacia el norte para otear el panorama.
—Nos van a alcanzar —dijo Crátero—. Antes de
que oscurezca. —Y mucho antes también — contestó
Pérdicas.
A poca distancia de ellos se veían las ruinas
derruidas de una pequeña fortaleza, Vescia. Sus
habitantes la habían abandonado dos años antes para
refugiarse en las montañas del interior, empujados por
la presión constante de los romanos. Cuando los
feciales se despidieron de ellos a la salida de Formias,
poco después de amanecer, Trémulo les recomendó
que tomaran ese camino.
—Antes los ausones os habrían hecho pagar un
peaje por pasar entre el Másico y el mar, pero ahora ese
lugar está desierto. Si vais por allí, siguiendo la playa,
no tendréis que dar ningún rodeo y llegaréis antes a
Campania.
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