Page 732 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Júpiter,  nadie  en  territorio  romano  se  atreverá  a

            haceros daño... salvo que el dictador envíe caballería en


            vuestra persecución.


                  —Yo  la  enviaría  —dijo  Crátero—,  y  ese  viejo

            borrachín tiene pinta de ser más testarudo que yo.


                  —Me  temo  que  lo  es.  Por  eso  Trémulo  sabe  que


            debéis viajar a marchas forzadas.


                  Fue entonces cuando Crátero tuvo una ocurrencia

            que a Néstor le pareció justa, pero que a Pérdicas le

            hizo torcer el gesto.



                  —Tribuno, te ofrecimos quince talentos de oro por

            tus prisioneros. Ahora que nos los has entregado, es

            justo  que  nosotros  también  cumplamos  nuestra


            palabra.


                  Gayo Julio asintió. Seguramente no esperaba aquel

            gesto  por  parte  de  Crátero,  pero  lo  aceptó  con


            elegancia,  sin  fingir  que  no  lo  merecía.  Mientras  los

            feciales  seguían  apartados  para  no  convertirse  en

            cómplices, los soldados macedonios fueron desfilando


            ante  un  carretón  traído  de  una  finca  cercana  y

            entregaron a Gayo Julio los lingotes y las monedas que

            llevaban encima.



                  —¿A ti no te corresponde nada? —preguntó Néstor

            a Mirmidón.


                  —No lo he hecho por oro. Ya te lo he dicho. Sólo



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