Page 730 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 730

—Por  los  reflejos,  diría  que  sólo  la  mitad  de  los

            caballos llevan jinete. Van cambiando de montura para


            dar  descanso  a  los  animales.  Algo  que  nosotros  no

            podemos hacer.


                  Néstor se volvió hacia el sur. Por allí la playa seguía


            recta e interminable, como la que habían recorrido a lo

            largo  del  día.  En  el  horizonte  se  vislumbraban  unos

            picos borrosos. Había uno a la izquierda que destacaba


            sobre los demás, y después la propia ladera del Másico

            les cortaba el campo de visión.


                  —Es  el  Vesubio  —dijo  Mirmidón—.Ya  está  en

            tierras de Campania.



                  —¿Podemos llegar allí antes de que nos alcancen?


                  —Imposible  —respondió  Crátero—.  Incluso  para

            llegar  a  Cumas  nos  queda  bastante  más  de  lo  que


            hemos  recorrido  esta  mañana.  No,  nos  alcanzarán

            mucho antes. Tenemos que tomar una decisión.


                  Era el tercer día de viaje. Tras la huida del Tuliano

            apenas  habían  descansado.  Néstor  no  recordaba


            jornadas tan agotadoras desde la campaña a orillas del

            Euxino y el Hircanio. Habría agradecido unos buenos

            pantalones  escitas  y  una  manta  de  montar  persa,


            porque  tenía  el  interior  de  los  muslos  lleno  de

            rozaduras  y  el  trasero  dolorido  de  botar  a  lomos  de


            Pegaso.  Pero  conocer  el  destino  que  correrían  si  las




                                                              730
   725   726   727   728   729   730   731   732   733   734   735