Page 734 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Bañándose en su lago?
Néstor sonrió. Clea no tenía remedio, siempre con
sus ninfas y sus diosas desnudas. Si Hipócrates tenía
razón con su teoría de los humores, los de Clea
andaban muy alterados y ardientes. Esperaba que se le
asentaran un poco con la edad.
—¿Te refieres a verla como la vio Acteón? —
preguntó Mirmidón.
—Sí —respondió Clea, que se ruborizó un poco,
pero no por eso apartó la mirada.
—Acteón no vio a Ártemis como se puede ver
desnuda a una mujer, sino en la desnudez de los dioses,
que es muy distinta. Se trata de un espectáculo terrible
para el que los humanos no están preparados. Acteón
no murió porque lo despedazaran sus perros, como
cuenta la gente, sino porque enloqueció hasta tal punto
que él mismo se arrancó los ojos con sus propios dedos,
se partió la lengua entre los dientes y se la tragó.
—Qué espanto —dijo Clea, con un brillo morboso
en las pupilas.
—¿Pero tú has visto a Ártemis tal como la vio
Acteón? —preguntó Néstor.
—¿Por qué quieres conocer tanto, Néstor? Si quieres
seguir pasando por la vida sin dejar mancha, es mejor
que te mantengas en la ignorancia. No trates de saber
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