Page 737 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sangrientas y fluidos malolientes, hasta el más noble de

            los  hombres  guarda  debajo  de  la  piel  de  su  alma


            motivos e impulsos mezquinos y egoístas.


                  Después  de  aquello  habían  galopado  sin  parar.

            Hasta Terracina habían aprovechado la Vía Junia. Las


            patrullas romanas y latinas con las que se encontraban

            se apartaban al ver los símbolos sagrados de los feciales

            y les abrían paso, e incluso, ignorantes del mal fin que


            había tenido la embajada, les saludaban. Después, una

            vez llegados al final de la calzada, habían viajado por

            senderos de tierra hasta llegar a Formias. En sólo dos


            jornadas habían cubierto casi ochocientos estadios, un

            ritmo que no podían mantener hasta Posidonia si no

            querían reventar o despear a los caballos. Pero Crátero


            sabía  que  a  Néstor  y  Clea  no  los  había  sacado  del

            calabozo la diosa Afrodita en una nube de bruma, sino


            Mirmidón  a  punta  de  espada,  y  no  confiaba  en  que

            después de matar a sus lictores y esbirros el dictador

            mantuviera la promesa de otorgarles un día de ventaja.



                  –¿Qué  sabes  de  ese  Mirmidón?  —le  había

            preguntado al médico en uno de los escasos altos en el

            camino.


                  —Me temo que tanto como tú. —Néstor le contó lo


            que había visto en el santuario de Diana y concluyó—:

            Creo que es mejor tenerlo de nuestra parte.


                  —Estoy de acuerdo. Pero no sé si será seguro dejar


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