Page 778 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 778
Cleopatra. Pero el sitial de Alejandro estaba vacío. En
algún momento, tal vez aprovechando el revuelo
causado por la entrada de los finalistas a la arena, se
había ido.
—¿Por qué no se ha quedado a ver esto? —se
preguntó Demetrio.
—A nadie le interesa decir la verdad —sentenció
Cíclope—, pero Alejandro está enfermo. Muy enfermo.
—Cállate o te saco el otro ojo —le amenazó Gorgo.
Los heraldos sacaron a la arena un espléndido
corcel castaño y una mula sobre cuyo lomo habían
cargado la armadura destinada al vencedor. Los dos
mil hipaspistas aclamaron el nombre de Peucestas, y el
resto del público les coreó, pues habían estado en
contra de Euctemón desde el primer momento, y en
cada combate habían inventado motes alusivos a la
poca gracia de sus movimientos. Leónato, que se había
adecentado para la ocasión con una coraza y un faldar
limpios, se volvió hacia los suyos.
—¿Qué pasa, soldados? —preguntó el capitán—.
¿Vamos a dejar que esos relamidos de los hipaspistas
nos ganen con sus voces? ¿A nosotros?
Al momento los quinientos miembros del batallón
de castigo empezaron a aclamar a su campeón al grito
de «Eute, Eute», haciendo resonar con poderío la u
778

