Page 782 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Es  increíble,  increíble  —decían  todos  a  su

            alrededor.  El  propio  Leónato  vino  a  felicitar  a


            Demetrio, e incluso se acercó a darle la enhorabuena

            Cérdidas,  la  primera  víctima  de  la  esgrima  de  su

            hermano.



                  Entre  lágrimas,  Demetrio  vio  cómo  Euctemón  se

            acercaba arrastrando los pies hasta la tribuna, al otro

            lado de la arena, donde Pérdicas bajó a estrecharle la


            mano y le enseñó el premio. Cuatro talentos más lo que

            valga el corcel, pensó Demetrio. ¿Cuánto podía ser? En

            Atenas había visto vender un caballo por setecientas


            dracmas, y no tenía ni de lejos tan buena estampa como

            aquél, ni tanta alzada. Quizá podrían conseguir hasta

            dos mil dracmas.



                  Pérdicas  escuchó  algo  que  le  decía  Euctemón  y

            luego pidió al heraldo que se acercara. El heraldo, que

            aunque se llamaba Menipo era conocido como Esténtor


            por la potencia de su voz, anunció:


                  —¡El muy noble Pérdicas me comunica que os diga

            lo  siguiente,  oh  macedonios  y  griegos  todos!  ¡El


            vencedor  del  certamen  de  espada,  Euctemón  el

            ateniense,             hijo        de        Demócares,                ha        decidido

            graciosamente entregar a otra persona la armadura y el


            corcel que le corresponden!


                  Todas las voces se acallaron, esperando conocer a

            quién  le  cedía  el  galardón.  Demetrio,  que  ya  había


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