Page 779 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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final  de  la  primera  sílaba,  como  tubas  de  metal.  Los

            espartanos, situados en la zona aledaña, se contagiaron


            y animaron a Euctemón, que había vencido a su propio

            esgrimista.  Acostumbrados  a  que  en  su  asamblea  se

            votaba a gritos y no a mano alzada, tenían unos buenos


            pulmones y no se dejaban acallar por nadie, así que el

            combate empezó con una pequeña ventaja moral para


            el ateniense.


                  Esa  ventaja se acabó rápido.  En cuestión de  unos

            instantes, Peucestas había conseguido tocar dos veces a

            Euctemón, la primera en una cadera y la segunda en un


            brazo. Demetrio observaba que Peucestas luchaba con

            una violencia apabullante, usando golpes tan fuertes y

            profundos que intimidaban al rival; el tajo que había


            alcanzado  a  su  hermano  le  había  hecho  soltar  la

            espada,  y  Euctemón  se  había  retirado  unos  pasos


            agarrándose el codo.


                  —Nos lo ha lisiado —dijo Filo.


                  El  nombre  de  Peucestas  dominaba  ahora  todo  el

            anfiteatro, aunque los Agriopaides seguían animando


            a Euctemón. Éste se había puesto de rodillas, vuelto de

            espaldas a Peucestas, quien hacía gestos significativos

            tocándose la cabeza, entre carcajadas del público.


                  —No lo ha lisiado —respondió Demetrio—.Ya está


            como siempre.





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