Page 780 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 780

Euctemón debía haber pensado que su geometría

            de la espada tenía un fallo y estaba trazando figuras en


            la arena con el dedo. En opinión de Demetrio, el fallo

            era que ninguna fórmula podía servir cuando uno se

            enfrentaba a un Heracles redivivo como Peucestas.



                  —Como empiece con eso —dijo Gorgo— podemos

            estar aquí esperando hasta que lleguen los romanos.


                  Por  una  vez,  Euctemón  debió  quedarse  contento

            con el resultado a la primera, y se volvió a levantar. El


            árbitro reanudó el combate. Demetrio se dio cuenta de

            que  Euctemón  había  cambiado  de  postura  y  ahora

            estaba casi de lado y con las piernas algo flexionadas,


            como  si  quisiera  desaparecer  detrás  de  su  escudo.

            Cuando Peucestas le lanzó un tajo vertical, Euctemón


            se adelantó a él, avanzando e interponiendo el broquel

            de tal manera que los dedos del macedonio chocaron

            con el borde de madera y el golpe murió antes de tomar


            suficiente impulso. Al mismo tiempo descargó con la

            zurda un tajo que la longitud de su brazo y la fuerza de


            su  muñeca  convirtieron  en  un  latigazo  fulgurante,  y

            alcanzó a Peucestas en el interior del tobillo derecho.


                  El macedonio retrocedió cojeando. El grito de «Eute,

            Eute»  volvió  a  resonar  entre  los  Agriopaides  y  los


            espartanos,  e  incluso  algunos  espectadores  de  otras

            zonas se animaron a unirse a ellos.


                  —Ánimo, Demetrio —le dijo Gorgo, apretándole el


                                                              780
   775   776   777   778   779   780   781   782   783   784   785