Page 783 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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conseguido  enjugarse  las  lágrimas,  sintió  que  se  le

            hacía un nudo en la garganta cuando vio que el heraldo


            se  acercaba  llevando  de  la  brida  al  hermoso  caballo

            tordo,  mientras  un  espolique  guiaba  a  la  mula  del

            ronzal.  Euctemón  venía  detrás  de  ellos,  mirando  al


            suelo.


                  —Esto  lo  compensa  todo  —susurró  Demetrio,

            recordando  tantos  sinsabores  por  defender  a  su


            hermano.


                  Cuando Esténtor estaba a poco más de tres pasos,

            Demetrio se agachó para pasar por debajo de la valla y

            abrazar a su hermano. Entonces el heraldo preguntó:



                  —¿Quién de vosotros es Gorgo?


                  Demetrio  se  quedó  congelado,  con  la  coronilla

            rozando  en  el  poste  de  madera.  Lentamente  se


            enderezó y se quedó mirando a Gorgo, que a su vez le

            miró a él boquiabierta, como si quisiera pedirle perdón.

            La comprensión de lo que ocurría debió abrirse paso en


            su mente poco a poco, porque su gesto cambió a una

            enorme sonrisa y levantó los brazos con un grito salvaje

            de  alegría.  Los  demás  Agriopaides  la  pasaron  por


            encima de la valla, y Gorgo corrió hacia Euctemón. Un

            atronador griterío sacudió el anfiteatro, mezclado con

            carcajadas al ver que el vencedor de la prueba se dejaba


            abrazar  por  una  mujer  sin  hacer  amago  siquiera  de

            rodearla a su vez con los brazos. Euctemón se había


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