Page 784 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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convertido en el héroe de la multitud por dos motivos

            que  Demetrio  jamás  habría  creído,  aunque  se  los


            contara la propia Aletia, diosa de la verdad: por vencer

            en  un  ejercicio  físico  y  por  renunciar  a  algo  que  era

            suyo.



                  —No  me  lo  puedo  creer  —musitaba  Demetrio—.

            Esto no es justo. No puede hacerme esto.


                  El pasmo le había secado los ojos y a cambio había

            hecho que afluyera la sangre a sus orejas. Volvió a su


            puesto  y  apoyó  la  barbilla  en  la  valla  con  gesto

            melancólico.  Bien  había  sabido  él  que  Tique  le  tenía

            que gastar una broma. Era como Edipo, que se había


            creído  el  más  feliz  de  los  hombres  justo  antes  de

            descubrir que se había casado con su madre tras haber


            asesinado a su padre. Para colmo, Gorgo se acercó y le

            susurró al oído:


                  —Después de esto, creo que tendré que darle una


            alegría a tu hermano, ¿no te parece?


                  El espectáculo aún no había terminado. Mientras los

            soldados  que  rodeaban  a  Demetrio  le  palmeaban  la

            espalda y le daban el pésame, tratando de contener las


            risas burlonas, Esténtor anunció que para terminar, y

            como  homenaje  al  gran  Crátero  y  a  la  virtuosa

            Cleopatra, los nobles catafractos de Persia librarían un


            torneo entre dos cuadrillas de caballeros.





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