Page 834 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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placas de bronce y un pectoral dorado con la estrella de
los Argéadas. Detrás de él, un paje montado llevaba de
la rienda a Amauro, cubierto con una piel de tigre que
le tapaba también el pecho. También estaba el
sempiterno Lisanias, por supuesto, pero además lo
acompañaba un personaje curioso, un hombre
montado en un caballo tordo que no llevaba armadura,
yelmo ni escudo; tan sólo una lanza en la mano derecha
y una espada cruzada al costado.
—¡Soldados! ¡Macedonios! ¡Griegos!
Se hizo el silencio. Los ruidos de la batalla y del
frente romano seguían estando allí, pero para Demetrio
eran una marea lejana. Sólo tenía oídos para Alejandro.
—¡Vuestro rey tiene un plan!
—¿Ves? Ya lo había dicho yo —susurró Cíclope.
—Sí, tengo un plan —prosiguió Alejandro—. Pero
la inteligencia no es nada sin el corazón, y vosotros sois
mi corazón.
—¿Por qué nos odias, Alejandro? —exclamó
alguien.
—¡Yo no os odio! Sí, os castigué, es cierto, y no os he
perdonado todavía. ¿Sabéis por qué? Porque uno no
perdona fácilmente a los que más quiere. Vosotros erais
el báculo en el que me apoyaba, y me fallasteis. Si no
hubierais sido tan impacientes, habríais llegado a ser
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