Page 837 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Alejandro—.  ¿De  verdad  vas  a  perdonarles?  —Se  lo

            merecen ya, Lisanias.


                  En  la  tierra  de  nadie  entre  ambos  ejércitos,  las


            infanterías ligeras de ambos bandos estaban librando

            decenas  de  pequeños  combates.  Lisanias  sabía  que


            Alejandro  no  iba  a  lanzar  el  ataque;  conociendo  la

            agresividad de los romanos, había decidido darles la

            iniciativa, una táctica muy arriesgada y contraria a su


            propia naturaleza.


                  En  ese  momento  sonaron  los  cuernos,  y  los

            escaramuceros enemigos empezaron a retirarse hacia

            sus  filas.  Un  rugido  recorrió  las  filas  romanas,  tan


            potente que las palabras llegaron claras hasta los oídos

            de Lisanias.


                  —ROMA VICTRIX!



                  —Espléndido —dijo Alejandro—. ¿No te ha puesto

            los  pelos  de  punta,  Mirmidón?  —Los  años  me  han

            vuelto un poco frío, Alejandro —contestó el hombre al


            que Néstor llamaba Rey del Bosque.


                  —Y un poco cínico ta... Aguardad.


                  Un correo a caballo llegó corriendo por delante de

            las filas espartanas, pero era evidente lo que venía a


            contarle al rey. Por la derecha, a poca distancia de la

            ladera  de  Encelado,  la  caballería  romana  se  había

            puesto en marcha y avanzaba en filas paralelas hacia la




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