Page 839 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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cabalgaba a su lado—. Juntos tú y yo, seguro que
conseguiremos que nadie hiera a tu señor.
—¿Tanto se me nota?
—¿El qué? ¿Que estás preocupado por la persona a
la que amas? No es ningún desdoro.
Alejandro, que iba un cuerpo de caballo por
delante, se volvió hacia ellos.
—No te preocupes, Lisanias. Ya he hecho
prácticamente todo lo que puede hacer un general.
—¿A qué te refieres?
—He colocado las piezas sobre el tablero. Ahora los
romanos las han puesto en marcha. ¡Hemos entrado en
el reino de Ares y Eníalo, donde gobierna lo
imprevisible!
Pasaron entre las filas de los agrianos, que les
abrieron un pasillo y luego corrieron al lado de los
caballos enarbolando sus jabalinas. Alejandro le hizo
una señal al paje para que le acercara a Amauro, y
luego saltó de un caballo a otro sin tocar el suelo, entre
las aclamaciones de los agrianos y de los propios
Compañeros, que esperaban impacientes a que su rey
se uniera a ellos.
Los nueve escuadrones estaban formados en cuñas,
cruzadas entre sí como los dientes de una sierra. Bajo
el estandarte de Hefestión, Pérdicas impartía rápidas
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