Page 838 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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zona donde los Compañeros, formados por
escuadrones, esperaban a Alejandro.
—Se atreven a atacar a mi caballería —murmuró el
rey—. Locos, pero magníficos —añadió en voz alta, y
taloneó los ijares de Neso, el caballo blanco que
utilizaba para desplazarse de un lado a otro en el
campo de batalla.
Pasaron por delante de la falange mercenaria,
donde formaban atenienses, beocios, arcadios, focios, y
también griegos de Italia. Alejandro había concedido el
tradicional puesto de honor a las tropas de Meleagro,
mientras que a los hipaspistas, que normalmente
ocupaban el ala derecha, los había situado junto con los
espartanos y el batallón de castigo en aquel centro que
había tenido que adelgazar exageradamente para que
cubriera un frente de más de tres estadios. Lisanias se
había enterado de lo que pretendía Alejandro tan sólo
unas horas antes que los demás generales; y aún así
nadie conocía todo el plan, sino sólo la parte que le
atañía a cada uno. Después de comprobar que el propio
Eumenes, que llevaba treinta años sirviendo a la casa
real de Macedonia, era un espía, Lisanias comprendía
que el rey no quisiera abrirle su mente de todo a nadie.
Pero ¿y si moría en el combate? ¿Quién terminaría de
llevar a cabo su plan?
—Tranquilo, macedonio —le dijo Mirmidón, que
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