Page 836 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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rodillas.
–Pues acabe con ellos, mi valiente amazona —dijo
Alejandro—. Y vosotros también. Pero esta vez no me
falléis. Tenéis que ser pacientes, tenéis que ser
perfectos. ¿Lo seréis?
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—Éssomes!
—Entonces obedeced las órdenes, mantened las
filas y no os salgáis de ellas. Reculad al paso de los
tambores y haced que los romanos se dejen diez
muertos por cada codo que avancen. ¡Hacedlo así, mis
Chicos Salvajes, y os prometo que entraréis en Roma
los primeros, al lado de vuestro rey!
Al oír aquella promesa, los Agriopaides golpearon
los escudos contra las lanzas y las falsas sarisas y
aullaron más que gritaron el nombre de Alejandro. El
rey les saludó levantando el brazo para saludarles,
clavó los talones en los ijares de su caballo y se perdió
hacia la derecha.
—¿Tú crees que les prometerá lo mismo a todos los
batallones? —preguntó Demetrio, volviéndose hacia
Filo.
—No conoces a Alejandro. Procura aguantar vivo, y
entrarás en Roma a su lado.
—Una arenga muy visceral —le dijo Lisanias a
8 «Lo seremos».
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