Page 842 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 842
digno sucesor de Bucéfalo, eran así. El rey apuntó su
lanza a la izquierda, sobre la cabeza de su corcel, y
alcanzó al oficial que cabalgaba en vanguardia en el
centro del escudo. Lisanias vio cómo el romano caía
volteado sobre la grupa de su caballo, y después tuvo
que apartar la vista para atender a su propio enemigo.
Pese al impulso del rey, Amauro no tuvo más
remedio que frenarse por fin, y los demás Compañeros
hicieron lo mismo detrás de él, pues la masa de jinetes
y caballos era impenetrable. En las primeras filas se
libraban decenas de duelos individuales, mientras los
hombres que estaban detrás animaban a sus
compañeros y aprovechaban cualquier hueco que se
abría para colarse con su montura y entrar en la
refriega. Lisanias se enzarzó con un romano muy
menudo, que manejaba el escudo con una rapidez
endiablada mientras le buscaba la cara con la lanza. Por
suerte, la pica de Lisanias era codo y medio más larga,
lo que junto con su coraza compensaba el hecho de no
llevar escudo. Ambos siguieron batiéndose como si no
hubiera nada más en el mundo, y en un momento dado
ambos levantaron las puntas de las lanzas para tomar
aire.
—Quintus Caecilius Bassus! —dijo el romano con
una fiera sonrisa. No podía tener mucho más de veinte
años.
842

