Page 847 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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doblar mucho las piernas. La vertiente oeste de
Encelado, la que se asomaba al campo de batalla, estaba
dividida en dos por una profunda torrentera que
bajaba desde la cima del monte. Néstor había elegido
la parte sur, que quedaba situada a la retaguardia del
ejército de Alejandro, por si había que salir huyendo
como en la última ocasión.
Uno de los pajes le tendió una bota de vino, pero
esta vez a Néstor no le pareció adecuado y sólo bebió
de su odre de agua. No se trataba de contemplar un
espectáculo coreografiado para él, como si fuera una
comedia de Aristófanes o del joven Menandro. «Aquel
a quien los dioses aman muere joven.» El verso que
había oído recitar a la protagonista de una de sus obras
en las Leneas de Atenas le acudió a la mente, pero la
voz interior que le ordenaba observar deformó la frase
y la convirtió en: «Aquel a quien los dioses odian vive
mil vidas y las olvida todas». Recordó cómo en el mito
de Er las almas regresaban a la Tierra tras mil años de
castigo o recompensa en otros mundos y, una vez
perdida la memoria en el río del Leteo, volvían a la
vida. ¿De dónde venía él, del cielo o del infierno? ¿Y
por qué había nacido en un cuerpo de cuarenta años,
vacío de recuerdos personales y lleno de conocimientos
y reminiscencias cuyo origen no sabía identificar?
—Señor —le dijo el más joven de los pajes, un crío
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