Page 845 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 845

su propio fármaco. Él solo abrió un pasillo entre los

            enemigos que, montados o no, se apartaban ante los


            terribles molinetes de su espada, y Alejandro gritó:


                  —Detrás de él, Compañeros!


                  Lisanias taloneó a Carmis, que saltó como pudo por

            encima  de  un  caballo  muerto  y  siguió  a  Mirmidón.


            Alguien  pasó  rozándole  a  pie  por  la  izquierda,  y

            Lisanias  se  asustó.  Pero  al  mirar  detuvo  la  espada  a

            mitad del golpe. Quien corría junto a él era Zalmoxo,


            hijo  del  jefe  Bastareo,  y  detrás  de  él  venían  más

            agrianos  enarbolando  sus  venablos  entre  salvajes

            gritos.



                  Alejandro se volvió hacia Lisanias. Éste se asustó al

            ver que el rey tenía la cara ensangrentada, pero era una

            salpicadura de algún enemigo. Con una sonrisa feroz,


            el rey le dijo:


                  —¡Esto es vida, Lisanias! ¡Disfrútala! —y se lanzó

            de nuevo contra el enemigo, flanqueado por dos fieles


            agrianos.


                  Eres Néstor. Observa, obsérvalo todo.


                  La frase con la que se había despertado en el áditon

            del  oráculo  de  Delfos  sonaba  en  su  cabeza  como  el


            estribillo de una canción, con palabras tan claras que a

            ratos  se  volvía  hacia  atrás  creyendo  que  alguien  le

            hablaba detrás de la nuca. Mientras recorría a lomos de




                                                              845
   840   841   842   843   844   845   846   847   848   849   850