Page 850 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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impedía a los soldados huir era saber que detrás de
ellos había muchos soldados, quince, treinta, tal vez
incluso más, que no sólo les echarían en cara su
cobardía si intentaban darse la vuelta, sino que se lo
impedirían con el obstáculo de sus propios cuerpos.
Así debían haber pensado los romanos, pues las
unidades de su centro avanzaban con más
profundidad que frente. Aunque era difícil captar las
líneas de separación entre las unidades, allí estaban si
se sabían buscar. Ocho legiones se dirigían hacia la
débil línea griega, mientras las otras cuatro quedaban
algo más rezagadas a ambos lados. Néstor ignoraba si
era a propósito, si Papirio pretendía atacar formando
una cuña, o si la razón era que esas legiones, al tener
un frente más amplio, se veían obligadas a detenerse
cada pocos pasos para recomponer sus líneas.
¿Pero, qué eran esas macizas unidades de tropas
desplegadas en una formación escalonada por detrás
del frente griego? Néstor sospechó de qué se trataba, y
se asombró de la audacia de Alejandro al mantener en
reserva su fuerza más poderosa cuando los romanos le
superaban ampliamente en número. Pronto se sabría si
era una locura.
Cuando llegara el momento desmontaría del
caballo para combatir junto a sus hombres y dar
ejemplo, pero por el momento Gneo Cornelio Escipión
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