Page 849 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de la ladera, los jinetes tesalios luchaban con otros que
debían ser los númidas, y que atacaban y se retiraban
en oleadas que desde la altura parecían impulsos
contráctiles. Por detrás de aquella zona de batalla se
veía una unidad de caballería que brillaba al sol como
un espejo. Sin duda eran los catafractos, pero aunque
fuesen tan vistosos en torneos y paradas, no parecía
que de momento fuesen a entrar en combate.
En el otro extremo del campo de batalla,
acercándose a las laderas del Vesubio, se advertía más
movimiento y confusión de tropas. Néstor, que conocía
la disposición al menos del ejército macedonio, las
representó como caballería, aunque a tanta distancia no
podía distinguirse. Mientras, en el centro del ejército
romano las legiones avanzaban contra los macedonios,
que aguardaban estáticos. Néstor sabía lo difícil que
era para la infantería de línea aguardar a pie firme,
pues los soldados, al ver acercarse a un enemigo, tenían
la tendencia a actuar, y o bien atacaban o bien huían.
Era necesario tener nervios de acero para no moverse
del sitio.
Para colmo, Alejandro había dispuesto en el centro
una línea muy fina. Vista desde arriba, era una larga
línea que podía tener entre tres y cuatro estadios de
longitud, y cuyo fondo no podía ser de más de seis
hombres, o acaso menos. El factor que a menudo
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