Page 848 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de catorce años—, ¿te pasa algo? —No, no.
—Deberías ponerte tu sombrero. El sol...
—Tienes razón.
No, no podía tomarse aquel combate como un
espectáculo ni como una fiesta. Ya había empezado a
morir gente, y aún faltaba lo peor. Si todo iba como en
las batallas convencionales, el ejército vencedor podía
perder entre tres y cinco hombres de cada cien, y el
derrotado entre quince o incluso treinta si se batía en
una retirada tumultuosa.
Abrió el zurrón, sacó su cuaderno de piel curtida y
lo abrió por una hoja limpia. Después tomó un
carboncillo de punta afilada y dibujó lo que veía en la
llanura.
Las líneas de infantería, la de Alejandro a la
izquierda y la romana a la derecha, estaban tan
pulcramente alineadas que pudo dibujarlas con trazos
rectos. Pero la caballería ya se había trabado en
combate, y hasta allí arriba llegaban los relinchos de
terror, los toques de corneta y un confuso fragor que
debía ser el ruido de los golpes. Néstor representó en
su boceto a los Compañeros como una cuña que se
enfrentaba a la línea romana, pero las fuerzas se
mezclaron pronto y ya era muy difícil distinguir lo que
pasaba. Un poco más abajo, ya en las primeras cuestas
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