Page 851 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Barbato, pretor de Roma y general de la Tercera Legión,

            prefería  seguir  a  lomos  de  su  corcel  y  gozar  de  la


            perspectiva que le otorgaba tener la cabeza dos pies por

            encima  de  los  demás.  Marchaba  en  el  espacio  de

            separación  entre  el  primer  manípulo  y  el  siguiente,


            junto al águila de oro. Sus hombres avanzaban a buen

            paso y sin torcer las líneas, como en un desfile, algo que


            les daba mucha moral. Casi todos los soldados habían

            servido ya en varias campañas, pero aquel año no les

            correspondía y Escipión había tenido que ponerlos en


            forma a toda prisa. Las marchas forzadas desde Roma

            habían venido bien para rebajar las libras de algunas

            cinturas,  y  aquella  formación  tan  estrecha  que  había


            decidido  Papirio  ayudaba  a  mantener  las  centurias

            compactas y ordenadas.


                  Aún así, a Escipión le preocupaba ver las filas tan


            apretadas, con tan poco hueco para maniobrar. Iban a

            pelear al modo antiguo, como una falange, igual que

            hacían sus abuelos en la época de las guerras contra los


            celtas.  La  falange  era  un  rodillo,  y  una  vez  que  se

            echaba  a  rodar  ya  sólo  se  podía  mantener  en


            movimiento hacia delante.


                  Los rorarios rezagados se estaban retirando ya por

            los pasillos que quedaban entre las legiones, o incluso

            entre  las  filas  de  los  astados,  empujando  con  los


            hombros para hacerse sitio. Algunos, los de pies más



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