Page 854 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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al mar!
Los romanos estaban tan cerca que ya se veían los
emblemas de sus escudos ovales y hasta los colores de
las largas plumas que ondeaban sobre sus yelmos.
Demetrio escuchó a sus espaldas los golpes agudos y
vibrantes de astas de pino que chocaban entre sí, gritos
de terror y retumbar de pies que corrían en estampida.
Echó una rápida mirada hacia atrás y vio que los civiles
que habían hecho de infantería de relleno huían a toda
velocidad por la llanura.
–¡Sarisas al suelo! —gritó Leónato, y la orden se
repitió por la falange. Gorgo tiró la suya, y los demás
hicieron lo mismo echándolas por el hueco para que
resbalaran por el suelo y quedaran por delante, como
un obstáculo más para los pies de los romanos.
En ese momento se oyó una señal de corneta que no
era griega y que a Demetrio no le gustó nada. Por
encima de los hombros de su hermano vio cómo los
romanos trotaban hacia ellos, parapetados tras sus
escudos, y los de la primera fila aceleraban aún más
mientras echaban el brazo izquierdo hacia atrás como
lanzadores de jabalina.
—¡Escudos! —rugió la voz de Esténtor, que debía
estar en la zona de los hipaspistas, y Leónato le hizo
eco. Los peltastas pasaron a toda prisa entre las filas, se
pusieron al frente y giraron los enormes escudos
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