Page 856 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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La  lluvia  de  jabalinas  no  parecía  acabar.  Un

            proyectil cayó junto a Demetrio y se quedó clavado a


            medio palmo de su pie. La larga vara de hierro tenía un

            aspecto siniestro. A su derecha y a su izquierda se oían

            quejidos y maldiciones, y también gritos de agonía que


            acababan en estertores ahogados.


                  —¡Peltastas atrás! —gritó Leónato.


                  La  orden  se  repitió  por  las  filas,  y  los  propios

            hoplitas le hicieron eco por si alguien no lo había oído.


            El  soldado  de  Crotona  tiró  el  escudo,  que  quedó

            inclinado  en  ángulo,  seguramente  sostenido  por  los

            proyectiles  que  lo  acribillaban.  Después  se  deslizó  a


            toda prisa entre las hileras y huyó a la retaguardia. El

            peltasta  que  intentó  retirarse  por  el  otro  lado  de


            Demetrio  tuvo  menos  suerte.  Justo  cuando  pasaba

            junto a él, un venablo se le clavó en la nuca y le asomó

            por  la  boca.  Demetrio  oyó  el  seco  chasquido  de  los


            huesos al romperse y algo caliente le salpicó la mejilla.

            Era el primer muerto de verdad que veía en la batalla.


                  El peltasta cayó sobre la pierna de Cérdidas, que lo


            pateó para hacerlo rodar contra Demetrio. Éste, a su

            vez, empujó el cadáver con la pantorrilla para colocarlo

            en el medio.


                  Ahora que las enormes pantallas de la primera fila


            habían  desaparecido,  Demetrio  vio  que  los  romanos

            estaban encima de ellos. Ya corrían con más cautela que


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