Page 860 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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monte había pequeños destacamentos de caballería
yendo de un lado a otro, en un movimiento
aparentemente caótico, como hormigas afanosas.
Tropas ligeras que iban y venían, a veces arrastrando
heridos. También vio compañías de arqueros cretenses
esperando a unos cincuenta pasos por detrás de ellos.
¿Por qué no disparaban y frenaban a los romanos? La
respuesta se la dio él mismo cuando Filo le agarró del
borde del escudo y tiró de él para devolverlo a su
puesto.
No disparaban porque no querían frenarlos, sino
atraerlos. Por eso los Agriopaides retrocedían, y por
eso a ambos lados del campo Demetrio había visto algo
que no debía estar allí. Las filas intactas de los
batallones de sarisas aguardaban, mirando hacia el
centro.
Los jinetes romanos se habían batido como leones,
pero llegó un momento en que no pudieron aguantar
el empuje de los Compañeros y volvieron grupas.
Pérdicas, que había despertado de su marasmo durante
la batalla, olió sangre y les dijo a su corneta y a su
portaestandarte que dieran la orden de cargar de
nuevo. Su escuadrón le siguió, y los que estaban más
cerca siguieron su ejemplo. En aquel caos ya era
imposible manejar a los dos mil Compañeros como una
sola unidad, y entre el polvo y los jinetes enemigos
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