Page 863 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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la guerra del Gránico y Gaugamela. Amauro tenía los

            ollares llenos de una espuma rosada, mezcla de sudor


            y sangre, pero cuando se paraba piafaba en el suelo,

            deseoso de entrar en acción de nuevo.


                  Es inútil, se dijo Pérdicas. Amo a este hombre.


                  Alejandro  despachó  correos  a  todas  partes,


            incluyendo al flanco izquierdo, con la orden de que la

            caballería de los aliados griegos y los masagetas con

            sus flechas envenenadas concentraran sus ataques en


            la  retaguardia  romana.  Después  de  distribuir  los

            escuadrones de los Compañeros y enviar un paje con

            instrucciones para los tesalios, si es que era capaz de


            encontrarlos, se acercó de nuevo a Pérdicas y le señaló

            a la legión que ocupaba el extremo de la formación.


                  —Mira  allí,  bajo  el  águila.  Ese  oficial  montado  a


            caballo, con la capa roja. Un prisionero me acaba de

            decir que es el dictador. ¿Puede ser?


                  Pérdicas entrecerró los ojos.


                  —Yo diría que sí, puede ser él. Es un hombre muy


            grande.


                  —¡Pues vamos a por él, amigo! Entraremos a buscar

            al dictador como gusanos en una manzana, a ver quién


            llega primero.


                  Rotas las lanzas de la primera fila, los Agriopaides

            luchaban  a  espada  contra  los  romanos.  Seguían



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