Page 864 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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retrocediendo, sin perder la disciplina, aunque cada
vez caían más y Demetrio dudaba de que hubiera una
sola línea en el batallón que conservara a los cuatro
hombres. Ahora comprendía en qué clase de unidad lo
había destinado Alejandro, pues estaba convencido de
que, aunque quedara una sola fila, los Agriopaides
seguirían aguantando sin volver la espalda al enemigo.
La ventaja era que los romanos, por muchos que
fueran, tenían que luchar de uno en uno en la
vanguardia, y los demás apenas podían hacer algo más
que jalearlos. La desventaja era que al ser tantos
siempre había alguien para relevar a los caídos o a los
que estaban tan exhaustos que se retiraban entre las
líneas para tomar aliento.
En cambio, casi todos los Agriopaides estaban
empeñados ya en la lucha. La fila de Cérdidas había
caído entera, incluyendo al taren‐tino, al que una
espada romana le había vaciado las tripas. Euctemón
había pasado al primer puesto allí y Demetrio se había
colocado detrás de él, mientras que Filo se pegaba a la
espalda de Gorgo.
Ahora, en aquel cuerpo a cuerpo a tajos y estocadas,
ya no importaba tanto cubrir al compañero con el
escudo, de modo que Euctemón se había cambiado el
broquel al brazo derecho y usaba la zurda para
practicar su esgrima geométrica con los enemigos.
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