Page 862 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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y tenía el labio hinchado y lleno de sangre, lo que hacía

            parecer su sonrisa la de una Gorgona.


                  —Puede ser, pero no hay que confiarse. Tú —le dijo


            Pérdicas  a  un  joven  correo—,  acércate  a  esos  tres

            escuadrones de allá y diles que persigan a los romanos.


                  —¿Hasta dónde, señor?


                  —¡Hasta el infierno!


                  Mientras el correo partía hacia un lado para dar la


            orden,  Pérdicas  miró  hacia  el  sur.  Allí  estaba  la

            retaguardia  de  las  legiones  que  los  enemigos  habían


            apostado  en  su  flanco  izquierdo,  el  derecho  de  los

            macedonios.  En  esa  zona  los  romanos  estaban

            enzarzados  en  una  lucha  contra  la  falange  de  los


            mercenarios de Meleagro. El borrachín y sus hombres

            lo estaban haciendo bien, aguantando el terreno. Más


            allá, la línea posterior de las legiones que el dictador

            había  desplegado  en  profundidad  se  veía  más

            adelantada;  o  bien  el  centro  de  Alejandro  se  había


            hundido, o estaba retrocediendo.


                  Mientras Pérdicas sopesaba dónde era mejor acudir,

            Alejandro llegó hacia él con un destacamento de veinte

            o treinta jinetes. El resto de su Ágema venía detrás.



                  —Es  el  momento  de  atacar  sus  filas  —le  dijo

            Alejandro con mirada exultante. Todas las dudas y la

            debilidad habían desaparecido, y volvía a ser el dios de




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