Page 866 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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vez:
—Aléxandros! Nike! Aléxandros! Nike!Aléxandros!
Las voces de los batallones de piqueros recorrieron
el campo de batalla como latigazos restallando en el
aire. A Demetrio se le enardeció la sangre, y cuando
oyó el tercer Aléxandros! se imaginó a la quinta fila de
hoplitas abatiendo las sarisas para cargar contra los
romanos, y de sus pulmones brotó el mismo grito que
resonó en las bocas de todo el ejército macedonio,
empuñaran una sarisa o no.
—NIKEEEE!
Cuando los soldados que formaban la retaguardia
de la Segunda Legión vieron que los jinetes
macedonios cargaban contra ellos, comprendieron que
se había llegado a la situación que todo soldado
romano temía: Res ad triarios uenit. La lucha había
llegado hasta los triarios, pero no porque las filas de los
astados y los príncipes hubieran cedido, sino porque
de entre las nubes de polvo había aparecido la
caballería de Alejandro y no la suya, como esperaban.
Pero eran soldados veteranos, que se habían
enfrentado en innumerables campañas contra los
latinos y los feroces samnitas, y siguiendo las órdenes
de sus centuriones se volvieron y cerraron filas.
Los macedonios cargaron una y otra vez, pero los
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