Page 871 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que hasta ahora habían estado ordenadas, se desató el

            caos.


                  En el centro había un hueco de poco más de cuatro


            pasos, y allí estaba el que debía ser el dictador, a lomos

            de un caballo moteado. Mientras los soldados de las


            primeras filas seguían enzarzados en su lucha contra

            los  mercenarios  de  Meleagro,  el  dictador  se  volvió

            hacia Alejandro y señalándole con su espada dio una


            orden que no llegaron a oír.


                  —¡Un  venablo!  —gritó  Alejandro,  tendiendo  la

            mano a un lado.


                  Un agriano le dio uno de sus proyectiles, y el rey


            echó atrás el brazo derecho para disparar. Pero cuando

            estaba tomando puntería, Mirmidón se le adelantó. Su

            lanza silbó y giró por los aires, y se clavó en la garganta


            del dictador. Éste agarró la vara con ambas manos y

            aún  tuvo  fuerzas  para  arrancarse  el  dardo,  pero


            después  cayó  pesadamente  al  suelo,  y  entre  los

            Compañeros se oyó un grito de júbilo.


                  —Una  vez  hice  azotar  a  un  paje  por  quitarme  la

            presa que era mía —dijo Alejandro, volviéndose hacia


            Mirmidón.


                  Pero  el  Rey  del  Bosque  sonrió  y  volvió  a

            desenvainar su espada.


                  —Te sirvo, pero aún no soy tu paje, Alejandro.




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