Page 88 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de cenizas son tan nutritivos y hacen engordar tanto al
ganado que sus dueños tienen que hacerles cortes en
las orejas y sangrarles para que no se ahoguen. Al
menos, eso dicen los campesinos.»
El médico guardó el cuadernillo y la tabla sobre la
que se apoyaba en una bolsa y se puso de pie.
Clea recordó de pronto lo alto que era aquel
hombre. No le llegaba ni a los hombros. —El sangrado
es una costumbre estúpida. Nunca la entenderé.
Tras la batalla de Mantinea vi a un espartano
desangrándose por un lanzazo en el muslo. El cirujano
le aplicó un torniquete bajo la ingle, y cuando
consiguió detener la hemorragia, ¿qué crees que hizo?
¡Le aplicó dos cortes en el tobillo para sangrarlo! «Por
si acaso», me dijo. Se lo cargó, claro. Menos mal que
entonces los espartanos no estaban en nuestro bando.
A Clea le revolvía el estómago hablar de sangre y
cambió de tema.
—Yo también estaba escribiendo hace un momento
—dijo, impulsiva—. Pero no eran notas. —¿Ah, no?
¿Qué era entonces?
—Poesía. No puedo leer tan rápido como tú, así que
yo sí me aprendo de memoria lo que escribo.
—Hmm. —Néstor se quedó pensando unos
segundos; de pronto pareció darse cuenta de lo que
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