Page 89 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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debía contestar—. Por favor, ¿puedes recitármela? Será
un honor.
—Bueno, aún no he terminado de componerla,
pero...
Clea notó la mirada severa de Ada clavada en su
nuca. Se volvió hacia ella y le hizo un gesto para que se
apartara unos pasos más. Después, en voz baja para
que sólo la oyera el médico, recitó la historia de
Aretusa, la ninfa consagrada a Ártemis que no quería
casarse. Un día que se bañaba desnuda, el cazador
Alfeo se enamoró de ella y la persiguió. Mientras huía
de Alfeo, Aretusa rogó a la diosa virgen que la salvara,
y ella, para ocultarla, la transformó en fuente de agua
fresca. Pero Alfeo no se dejó engañar y corrió tras ella.
Aretusa volvió a suplicar a Ártemis, y ésta la
condujo al inframundo y la guió por las tenebrosas
galerías que le había enseñado su hermanastra
Perséfone, la diosa infernal. Tras un viaje por las
profundidades de la tierra, salieron al otro lado del
mar, en el islote de Ortigia, en la costa este de Sicilia.
Mas ni aún así se libró Aretusa del amor de Alfeo, pues
éste se convirtió en río, se precipitó por aquellos
mismos túneles, llegó hasta Sicilia y por fin abrazó a la
ninfa. Y desde entonces las aguas del río Alfeo y la
fuente Aretusa están mezcladas, y lo seguirán estando
hasta el fin de los tiempos.
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