Page 873 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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había conseguido contener a los legionarios. Aquél era

            el punto más débil del plan, pues si esa línea hubiese


            caído habría dejado en una situación comprometida a

            las  falanges  de  los  flancos.  Pero  no  había  cedido,  y

            ahora los catafractos acudían en su ayuda formando un


            cordón de hierro.


                  Y  por  el  norte,  en  la  retaguardia,  los  romanos  se

            veían acosados por la caballería macedonia y la de sus


            aliados, que tras derrotar a los jinetes enemigos había

            vuelto sus esfuerzos contra la infantería. Las legiones

            de  los  flancos,  encerradas  también  entre  las  falanges


            griegas  y  más  fuerzas  de  caballería,  no  estaban

            corriendo mucha mejor suerte.


                  A  Néstor  se  le  antojó  que  el  ejército  romano  era


            ahora  como  un  enorme  trozo  de  pan  rodeado  por

            hormigas que lo estaban devorando desde los bordes y

            guardándose  el  centro  para  el  final.  Debía  haber  allí


            cerca  de  cincuenta  mil  hombres  encerrados,  sin

            escapatoria, y la mayoría de ellos ni siquiera podrían


            usar sus armas para defenderse porque alrededor no

            tenían más que compañeros.


                  «He hecho cosas terribles. Y volveré a hacerlas.»


                  Los gritos que llegaban ahora del campo de batalla

            eran distintos. Más agudos, más desesperados, como si


            alguien hubiera abierto las bocas del Tártaro y dejara

            oír los lamentos de los Titanes encerrados por toda la


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