Page 875 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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hombres  que  se  ocultaban  detrás  llevaban  lambdas

            pintadas  en  sus  escudos  rojos.  Eran  espartanos,  y


            lucharon como tales. Escipión les había enviado oleada

            tras oleada, primero de astados y luego de príncipes.

            Pero  ellos  habían  resistido,  y  aunque  cedían  terreno


            poco          a      poco,          en       ningún            momento               habían

            descompuesto sus líneas.


                  Entonces había oído las graves notas de las trompas,


            y luego el nombre de Alejandro coreado al unísono por

            miles de voces. Al mirar hacia la izquierda había visto

            alzarse allí un bosque de sarisas, crecido de la nada,


            que  al  momento  habían  bajado  para  abatirse  sobre

            ellos.  Y  fue  entonces  cuando  se  dio  cuenta  de  que

            habían caído en una trampa.



                  Al  comprender  que  la  situación  era  desesperada,

            Escipión desmontó y mató a su caballo con su propia

            espada, para demostrar a los soldados que su general


            compartiría  la  muerte  o  la  salvación  con  ellos,  y  los

            tribunos siguieron su ejemplo. Pero aunque su gesto


            acicateó  la  moral  de  los  legionarios,  enseguida  supo

            que  era  inútil.  La  Tercera  Legión,  presionada  por

            delante, por el flanco izquierdo y por la retaguardia, y


            obstaculizada  además  por  los  aliados  que  tenía  a  la

            derecha, no podía hacer nada, sólo esperar y rezar por

            que los enemigos se cansaran de matar.


                  Los macedonios estaban a pocos pasos de él, pero



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