Page 880 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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oía gruñir, jadear y maldecir mientras seguían
matando. Pero a Demetrio ahora le zumbaban los oídos
y oía esos ruidos como si tuviera la cabeza debajo del
agua.
—Demetrio...
Bajó la mirada y vio que tenía la coraza empapada
de sangre. Al parecer, mientras levantaba el escudo
para defenderse de un romano, el otro le había clavado
la espada por el hueco de la axila. Pero no dolía tanto
como creía. De haberlo sabido, no habría pasado tanto
miedo durante la batalla.
—Es mi primera herida de guerra —dijo sonriendo.
—Demetrio —repitió Gorgo.
Al ver su gesto de horror, comprendió que algo iba
mal. Gorgo se lo llevó un poco más lejos y empezó a
desabrocharle la coraza. Un cretense que traía una
mano envuelta en un trapo sucio y ya no podía
disparar el arco se acercó a ayudarles. Cuando le
quitaron el grueso peto de lino, Demetrio vio que tenía
una raja de tres dedos de ancho de la que brotaba una
sangre limpia y roja.
—Es bueno que sea tan roja, ¿verdad? Así no se
infecta —dijo, y se arrodilló, porque se estaba
mareando.
—No, Demetrio, no.
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